La ciencia confirma lo que el bosque lleva siglos susurrándonos
Como Guía de Baños de Bosque, muchas veces escucho a las personas contar cómo se sienten después de una experiencia en la naturaleza: más tranquilas, más ligeras, con la mente despejada y el corazón sereno. Son sensaciones que observo una y otra vez en quienes participan en nuestras actividades.
Por eso me ha alegrado especialmente leer un reciente artículo publicado por el periódico El Tiempo, donde se recogen diversas investigaciones científicas que confirman algo que muchas personas intuimos desde hace tiempo: la naturaleza tiene efectos reales y medibles sobre nuestro cerebro, nuestro estrés y nuestra salud mental.
Según el artículo, estudios realizados por universidades de prestigio como la Universidad de Oxford, la Universidad de Sussex o la Universidad de Montreal han demostrado que pasar tiempo en espacios naturales ayuda a disminuir el estrés, mejora la atención y favorece estados de relajación similares a los que se alcanzan mediante la meditación.
Uno de los hallazgos más interesantes es que una caminata de apenas 90 minutos en un entorno natural puede reducir los pensamientos repetitivos y negativos asociados a la ansiedad y la depresión. Incluso exposiciones mucho más breves, de entre 8 y 15 minutos, ya comienzan a generar beneficios físicos y emocionales.
El artículo también destaca el poder de los aromas naturales. El perfume de las rosas, la lavanda, el romero o los compuestos que liberan los árboles parecen influir positivamente en nuestro organismo, favoreciendo la relajación, el descanso y hasta determinados mecanismos de defensa del cuerpo.
Como no podía ser de otra manera, se menciona también la práctica japonesa del Shinrin-Yoku, conocida en español como Baño de Bosque. Las investigaciones realizadas en Japón concluyeron que una caminata de apenas quince minutos entre árboles puede reducir significativamente los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, además de disminuir la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
Mientras leía estas investigaciones, no podía evitar pensar en todas las personas que han participado en mis baños de bosque y que al finalizar me han dicho frases como: "hacía tiempo que no me sentía tan tranquila", "he vuelto a respirar" o "necesitaba esto". La ciencia pone datos y explicaciones a algo que la experiencia nos muestra constantemente: somos naturaleza y nuestro bienestar está profundamente ligado a ella.
Quizás por eso, en un mundo que cada vez nos empuja más hacia las pantallas, las prisas y la desconexión, dedicar tiempo a caminar entre árboles, escuchar el canto de los pájaros o simplemente contemplar un paisaje natural no debería considerarse un lujo, sino una necesidad.
Porque la naturaleza no solo nos rodea. También nos sostiene, nos calma y nos ayuda a recordar quiénes somos.
Cada vez son más los estudios que respaldan lo que muchas culturas han sabido durante siglos: la naturaleza es una fuente de bienestar físico, mental y emocional. Mi deseo es seguir acercando a las personas a esa conexión que nunca hemos perdido del todo, pero que a veces olvidamos en el ritmo acelerado de la vida cotidiana. Porque cuando nos permitimos detenernos y escuchar el bosque, descubrimos que la naturaleza no solo está fuera de nosotros, sino también dentro.
