Proyecto piloto de "Baño de bosque" con pacientes de pediatría del Hospital Universitario de Navarra
Cuando el bosque también cuida: niños, naturaleza y Baños de Bosque
Hay imágenes que nos recuerdan algo que, en realidad, nunca deberíamos haber olvidado.
Ver a un niño caminar entre los árboles, detenerse a observar una hoja, escuchar un sonido, tocar la corteza de un árbol o simplemente jugar y disfrutar de estar al aire libre nos conecta con algo muy sencillo: la naturaleza forma parte de nuestra vida y también puede ser un espacio de bienestar.
Hace unos días conocí una iniciativa que me pareció especialmente interesante y que quiero compartir con vosotros.
En Navarra se ha desarrollado el proyecto BiBos 4.0, "El bienestar a través de los bosques para todas las personas", una iniciativa que ha unido durante dos años el ámbito sanitario y forestal para acercar los Baños de Bosque a pacientes pediátricos y sus familias.
El proyecto ha contado con dos programas piloto. En uno de ellos, niños y niñas con enfermedades crónicas y sus familiares pudieron participar directamente en Baños de Bosque en entornos naturales. En el otro, destinado a menores que por sus circunstancias no podían desplazarse hasta el bosque, se recurrió a la realidad virtual para acercarles la experiencia.
Y los resultados son realmente interesantes.
Según los resultados presentados por el equipo del proyecto, la experiencia se relacionó con una mejora significativa de la regulación del estado de ánimo tanto de los pacientes pediátricos como de sus cuidadores. También se observaron efectos relacionados con el descanso cognitivo, la recuperación de la fatiga atencional y la relajación familiar.
Pero más allá de los datos, hay algo que me parece especialmente bonito.
Los niños necesitan naturaleza.
Necesitan espacios donde puedan correr, explorar, tocar, observar, hacerse preguntas, ensuciarse las manos y descubrir el mundo utilizando todos sus sentidos.
Vivimos rodeados de estímulos, pantallas, horarios y prisas. Y muchas veces el contacto con la naturaleza queda relegado a esos momentos en los que "hay tiempo".
Sin embargo, quizá deberíamos empezar a verlo de otra manera.
Quizá el contacto con la naturaleza no debería ser algo extraordinario, sino una parte habitual de la infancia.
Porque cuando un niño se acerca a la naturaleza no solamente está aprendiendo sobre árboles, animales o plantas.
Está desarrollando curiosidad.
Está utilizando sus sentidos.
Está aprendiendo a observar.
Está descubriendo que puede encontrar belleza en algo tan sencillo como una hoja, una piedra o el sonido del viento entre las ramas.
Y, poco a poco, también está creando un vínculo con ese mundo natural.
Educar para cuidar
Hay algo que para mí resulta inseparable de todo esto: la educación ambiental.
Es difícil cuidar aquello que no conocemos y es difícil sentirnos vinculados con aquello que nunca hemos tenido la oportunidad de experimentar.
Por eso acercar a los niños a la naturaleza no consiste únicamente en llevarlos al bosque.
Consiste en darles la oportunidad de explorar, sentir y descubrir.
De permitirles hacerse preguntas.
De observar antes de explicar.
De despertar su curiosidad.
Y de ayudarles a comprender que nosotros también formamos parte de la naturaleza.
Porque quizá uno de los regalos más importantes que podemos hacer a un niño es permitirle construir, desde pequeño, una relación cercana y respetuosa con el mundo natural.
El bosque como espacio de encuentro
Los Baños de Bosque, conocidos también como Shinrin-yoku, proponen caminar de una manera pausada y consciente, abrir los sentidos y prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor. Su finalidad está relacionada con favorecer el bienestar, reducir el estrés y facilitar el reposo.
Y cuando hablamos de niños, creo que también debemos recordar algo fundamental:
No necesitan que les expliquemos constantemente qué tienen que sentir.
Necesitan espacio para descubrir.
Para jugar.
Para observar.
Para sorprenderse.
Para aburrirse incluso.
Porque cuando dejamos que un niño tenga tiempo para relacionarse libremente con la naturaleza, pueden aparecer formas de aprendizaje que no siempre podemos planificar.
Por eso me ha gustado especialmente conocer este proyecto de Navarra.
Porque nos recuerda que los bosques pueden ser mucho más que lugares que visitamos.
Pueden convertirse en espacios de encuentro, de aprendizaje y de bienestar.
Y también nos recuerda algo en lo que creo profundamente: acercar a los niños a la naturaleza hoy puede ayudarles a construir una relación con ella que permanezca durante toda su vida.
🌿 Explorar. Sentir. Descubrir.
Y quizá, algún día, también cuidar y proteger aquello que aprendieron a amar.
Vídeo del artículo en el que me he basado para publicar este artículo
https://www.youtube.com/watch?v=zysUdCpyZJw&t=182s
